A cada fin hay un comienzo.
En el último aliento de la jornada
que suena doquier, entre sombras,
jaspeado con el canto del búho.
En el silencio que se pulveriza
y trepida con su copa dorada
como el álamo en otoño
Porque, inevitablemente,
caen los pétalos cansados
afloran nuevos retoños,
la carne del ciervo muerto
va a nutrir a las crías
de un felino obstinadoEl meteorito se divide
-allá, en el lejano espacio-
formando miles de estrellas
en el cielo solitario

A cada fin, un comienzo,
comienzo que contiene su fin;

Así el océano que reposa
en algún punto terráqueo
aloja tormenta, río manso
en su corazón errático…

Y él vacila tras su meta
nace y muere a cada paso
a cada ola se regenera
células, fondo y trazos

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