Oigo esa voz.

De nuevo aulla en mi mente

con su reclamo recurrente

por el hambre descontenta.

Oigo esa voz.

Un grito, faro en la neblina

que a mis noches ilumina

con nostálgica pizca de sol.

Un tambor en mis venas

tocando sueños que en vela

extraño con tanto cariño.

Oigo el soplo del tiempo,

a su voz cantando a pleno

la partitura del designio.

 

Siento así, tan nítida,

una fuerza motriz antigua

que se abalanza sobre mí.

Esa fuerza es mi canción:

intuitiva orienta y moviliza,

recobra los sueños en vida

y ensalza mi corazón.

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