Te observo.

Caminas a paso ligero

bajo un cielo de nubes grisáceas

y tus curvas en borrosa ráfaga

se alejan con el viento.

Te observo.

En tu lucha cuerpo y corriente

eterna pugna corazón y mente,

desheredas al embrión del intento

y abortas por posible riesgo.

Te alejas.

Desvalijas todas tus heridas

ensangrentadas sobre mi pecho,

esparces sobre mí tus espectros,

y sus fantasmagóricos gemidos.

Escucho el último suspiro

de la muerte del sueño,

el murmullo inconfesable

en el grito del olvido;

y el rugir de las tuercas

del temor desafiado,

el balbuceo de las venas

de tu corazón enjaulado.

 

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