¿Qué le pasa a mi boca rasa?

Tan poca saliva produce que

ante la desdicha se calla…

¿Y a mis ojos cabizbajos?

Ya no gritan gotas hirientes,

las retienen en sus labios.

¿Se habrán así resecado?

¿Será tan rápido el olvido

que absorbe todo el líquido

que al espíritu columpia?

¿Será la aridez de la mente,

la semilla última, carente

de las primeras ilusiones?

Quizás tantas jornadas vertidas,

voces y lágrimas asíduas,

al cuerpo ya no alumbran.

Quizás sea el alma ya antigua,

que percibe antes los indicios

y silenciosa los escucha.

ARF OCT2015

 

 

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