Esta noche y todas sus estrellas

orbitan brillantes en mi vientre.

El fulgor de miles de luceros

jadea en el valle de mis caderas,

en la cuenca de mis nervios.

 

Rehén del vigor nocturno,

de los sentidos embriagados

soy fuego en el epicentro

tierra de húmedos prados

 

Soy fértil impulso de alas

que reclama a gritos mi boca,

las palabras maceradas

en el sabor de tus curvas.

 

Espero, ardiente, espero

a que la luz del día te despierte

aguardo con mi ansioso desvelo

el sol que duerme en mi pelvis.

 

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