Es preciso tener coraje.

Arrojarse solo, pájaro y cicatrices,

sobrevolar el vacío en un acto de fe.

Fe en los vientos,

en la verdad de los momentos

como si ambos fueran eternos.

Es preciso tener coraje.

Porque hasta los sueños arraigados,

los amores sin fin, los enamorados,

son una apuesta del tiempo.

Es preciso, sobre todo, confiar.

Saltar sin pensar en el fin,

volar virgen, impávido, limpio,

ajeno hacia dónde, a qué objetivo,

volando fluir con los estímulos,

para que el devenir no se rinda

antes de siquiera concebirse,

para que en los confines del amor

el pájaro finalmente aterrice.

 

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