Poema:

HUELLAS MARCAS
Tenue la luz en la espera del alba Tênue luz na espera da alvorada
erraba la noche, litúrgica y vaga, perambula na noite, litúrgica e vaga,
por la angustia verde de las algas. pela verde angústia das algas.
Un anillo de diablos volando Um anéu de diabos voando
y un pegajoso balbuceo de ídolos e um pegajoso balbucio de ídolos
y el pez encallado en la orilla, e o peixe encalhado na beira,
como un pecho pequeño del mar, como um pequeño peito do mar,
aromando tu marcha nocturna. perfumando a sua noturna partida.
¡Ah! el alba rodando y rodando Ah! A alvorada rodando e rodando
con un mundo cerrado de pasos, com um mundo de passos fechados,
por la fruta amarilla del alba pela amarela fruta da aurora
con tu mundo cerrado de pasos. com seu mundo de passos fechados.

Breve biografía:

(Ignacio Aldecoa Isasi; Vitoria, 1925 – Madrid, 1969) Escritor español, de amplia e intensa producción narrativa. Estudió Filosofía y Letras en las universidades de Salamanca y Madrid, donde trabó amistad con Sánchez Ferlosio, Martín Gaite, Fernández Santos y otros jóvenes que formaron el futuro plantel de la narrativa de los cincuenta. Aunque se inició como poeta (Todavía la vida, 1947; El libro de las algas, 1949), pronto se dedicó al cultivo del cuento -género del que fue sin duda un maestro- y la novela.

Su novelística, reducida a cuatro títulos, es parte de un vasto proyecto consistente en tres trilogías que debían de abordar, respectivamente, el trabajo del mar, el trabajo de las minas y el mundo de los guardias civiles, los gitanos y los toreros. De todo ello la muerte sólo le permitió escribir una parte de la primera, Gran sol, de 1957, que trata de la pesca de altura, y dos de la última: El fulgor y la sangre, de 1954, sobre la vida cotidiana de una pequeña guarnición de la guardia civil, y Con el viento solano, de 1956, en torno al mundo de los gitanos. Independiente de estas series es la novela titulada Parte de una historia (1967). A pesar de la crudeza humana de su escritura, de su intensa carga testimonial, Ignacio Aldecoa rehúye el mensaje explícitamente político (en ello se aparta de las propuestas del realismo crítico) y tiende a una ajustada técnica objetivista.

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