Poema Elástico. Autora Aline R. Fagundes

Observo tu aliento:
tibio ronroneo del alba
tris que pende sereno
gran señor de mi alcoba.

Bordeo con mis dedos
tus simétricos trazos y
te acomodo en mi regazo
para velar por tu sueño.

Colmada por el embeleso
busco el nombre, sustantivo
que describa lo que siento.

Nombre con astas de deseo
flecha certera del Dios Eros
que sobrepasa el umbral
del universo conocido.

Irrumpe con el dominio
de su clase primordial,
y torna lo que era banal
en vital, en portento.

Entonces me repito
los nombres en registro:
Dioniso, Amor, Cupido,
ni uno lo representa.

Continúo, curioseo
en tu respiración, su latido,
velo con mis ojos seducidos
el alegre baile de tu torso.

Inspiro tu universo,
aguda promesa de tu hálito
macerada en el dulce jugo de
tus carnosos labios.

Alto y claro resuena
en todos mis átomos
tu nombre consumado,
eclosiona plácido y elástico
como el aire que respiras.

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Poema del día: Puerto Seguro. Autora Aline R. Fagundes

Me apoyé en la ventana
para contemplar la bahía
repleta de veleros;
como una gran boca abierta
tragaba las mercancías
del agitado embarcadero.

El paisaje,
enmarcado por el azul infinito,
contrastaba con los colores
que teñían mi pensamiento

“¿Te gusta?”, me preguntó Alberto

¿Qué decirle? No sabía;
Una lengua sin sabores
mordía el ansia muda.

De pronto recordé a Neruda;
un verso suyo que decía:
“a casarse, peces del mar”

El meteórico océano
zumbó en mi cabeza
como turbina nuclear.

Miré hacia dentro:
el piso de tabla flotante,
las paredes asfixiantes
de la casa hipotecada.

Debía ser nuestro nido
pero en él había un nudo,
ordinario y tozudo,
como el ocho marinero

Se extraviaba el deseo
en el polvo amarillento;
el olor puro del mirto
había desaparecido

“¿Te gusta?”, me preguntó Alberto

Miré por la ventana
y me agitaron las ganas
que tenía de navegar:
la paz burbujeante del cuadro,
los montes arrodillados
ante la integridad del mar.

Quizás pudiesen desvelar,
desde su benéfica altura,
el alcance o estatura
de mi joven horizonte

“¿Te gusta?”, insistió Alberto

¿Qué decirle? No sabía;
una lengua sin respuesta
lamía nuevas heridas

Observé adentro;
imaginé que las paredes de cal
se contraían sobre mi cuerpo
y que prensaban mis alas,
dejándome coja.

“¿Te gusta o no?”, insistió Alberto

Una gran ola premonitoria
bramó sobre el acantilado;
azotó los pies del faro,
cansado de su sino de roca.

Inspiré profundo.
Cerré la ventana del mundo
y de lado miré a Alberto:

“Aún no lo sé”, contesté.

Poema Aura. Autora Aline R. Fagundes

Parpadea.

Un círculo de radio infinito

se abre en riadas coloridas

desde tu ribera

 

Flamea.

En bocanadas de arco-iris

muerde los sueños pétreos

que duermen en mi pecho

 

Me desafía.

Brújula de mi barco a la deriva

manantial de llama bendita

es tu aura sin fronteras

 

Y colorea

mi alma de mariposas;

flamea al ras de las olas

de mi océano frío;

desde la bóveda de tu círculo

penetra en las hondas calas

de mi alma blanca

Poema Iris azul. Autora Aline Fagundes

Desde una grieta, entre los restos,
el solitario Iris azul se eleva
desafiando la fibra del contexto
 
Solitario, a contratiempo,
sus azules pétalos proliferan   
pese a morar en suelo tieso
 
Se retuerce y se resiente
pero su fortaleza resiste
a la asfixia prematura del futuro
a la derrota del yo frente al lobo
 
Ética flor; promesa del individuo
gramos de su cosecha personal
dilucidan entre el bien y el mal
y a la sociedad también polinizan
  
Iris, flor de humana consciencia,
diáfana pupila de la convivencia 
despunta. cauta, el legado recibido
es semilla de nuevos himnos,
tallo de restaurados principios.
 

Relato La Playa. Autora Aline Fagundes. Concurso #Palabrasalviento

Ocurrió.

Aquí. En mi playa. En una noche de junio, poco después de San Juan.

El plancton centelleaba a la luz de la luna, desde el horizonte hasta la orilla. Manto vivo en agua fría.

La brisa y el océano entonaban una melodía de dos notas, a capela. Una especie de mantra que siempre dotaba mis noches de un aura divina y me conectaba profundamente con el pulso de la vida.

Yo solía caminar y sonreír con los ojos cerrados, dilucidando vivencias a cada paso, y me dejaba aconsejar por la sabiduría del agua, en su constante afán de purificación.

Hoy, con los ojos bien abiertos, tropiezo y temo.

El falsete del viento suena sostenido, como una alarma, y ha ahogado a la pacífica melodía.

El brillo del manto vivo ahora se esconde, amenazante, detrás de la gran roca erosionada, en la lámina del cuchillo que me presionó el cuello, en el esmalte de los dientes podridos de mi agresor.

El viento no ha podido extinguir las funestas huellas de sus pies en esta arena, el olor agrio de su aliento en mi olfato, sus manos callosas rasgando mi carne humillada; no ha podido compensar las diferencias de presión atmosférica entre mis dos puntos existenciales. Mi pasado, emocionalmente cojo, suspenso en las alas del aire, viaja libre y se instala en todos mis tiempos.

Me acerco a la gran roca, que me reta con sus ojos plomizos. Los granos de arena entre mis dedos parecen espinas. Tropiezo a pasos cortos, jadeante. Toco la lápida de mi fugaz defunción. Una gran ola la golpea en este preciso instante, como hace un año en aquella noche, cuando la sal del mar se mezcló con la sangre en mi boca.

Mis lágrimas pesadas se derraman sobre el azul ennegrecido. La bordeo. Tengo frío. Oigo el eco de la queja que el viento desplaza hacia el horizonte. Suspiro. Busco las marcas de mi sangre en la aspereza del mineral.

¡Ya no están!

Sigo buscando alrededor de la gran roca. Nada. Me siento junto a los pies de la catedral, una discreta sonrisa se dibuja en mis labios; pienso:

‘Ay la sabiduría del agua y su constante capacidad de perdón…’

Poema Notas. Autora Aline Fagundes

 

Para cada nota una palabra,

completa, capaz de llegar a

las enigmáticas cimas

de la geografía del alma.

Cada nota es un impulso

tirano, intenso, convulso,

estampado en la carne

como partitura de letras.

Cada nota es un dilema:

¿aguda, media, grave?

según el timbre del pretexto

despliega escala y afanes.

Las notas son poemas:

rasgan, amoldan, ríen, lloran,

son grito, silencio y memoria

de la pasión que nos embiste;

sílabas que nos permiten

escribir los acordes de la vida,

interpretar la dinámica melodía

de la emoción que nos distingue.

 

Poema Pájaro y Cicatrices. Autora: Aline Fagundes

 

Es preciso tener coraje.

Arrojarse solo, pájaro y cicatrices,

sobrevolar el vacío en un acto de fe.

Fe en los vientos,

en la verdad de los momentos

como si ambos fueran eternos.

Es preciso tener coraje.

Porque hasta los sueños arraigados,

los amores sin fin, los enamorados,

son una apuesta del tiempo.

Es preciso, sobre todo, confiar.

Saltar sin pensar en el fin,

volar virgen, impávido, limpio,

ajeno hacia dónde, a qué objetivo,

volando fluir con los estímulos,

para que el devenir no se rinda

antes de siquiera concebirse,

para que en los confines del amor

el pájaro finalmente aterrice.

 

Poema La furia y el Amor. Autora Aline Fagundes

Áureos rizos arden en silencio

y proyectan en las paredes

su insignia indisoluble:

alma de furia y amor.

 

En la cal de las entrañas,

acoplados al nervio del deseo

a la línea tirante de los sueños

anuncian, siempre irrevocables,

su propia dualidad expansiva,

la elasticidad de sus opuestos.

 

Elasticidad que en todo palpita,

vida y muerte en sintonía:

la chispa de las grises sombras

atada a las mechas rojizas.

 

Latigazos apasionados,

fieles a su naturaleza,

rehenes del tiempo y espacio

son métricas de la existencia.

 

Revelan, ardiendo en certeza,

-binario compás en su pecho-

la paradójica faceta:

“soy fuego, inicio de un fin;

hielo, el fin en sí mismo”

Poema Madre Naturaleza. Autora Aline Fagundes

Vibran los granos de tierra,

en la pezuña de los insectos

en el rastro de sus huellas.

De la lápida de hojas secas,

nacen brotes de invierno,

con el cantar de los pájaros

baila la sumisa cosecha.

El vistoso sol de primavera

vierte sobre las piedras

su viso de oro labrado,

que se refleja en el hielo,

en la copa de los cerezos,

destaca su halo blanco.

El rocío matinal, templado

cubre con un manto alado

la gramínea de la estepa;

cubre ramas, pétalos, talos

las crines de los caballos

que pastan en tierra seca;

 

Y ella, con su pelvis joven,

pulso de madre naturaleza

sonríe al lejano horizonte,

que se desdobla y colorea.

Poema Reflejo. Autora Aline Fagundes

Uno se deforma, deconstruye,

para inmiscuirse y comprender.

Asume angustias, palabras y gestos,

silencio y restos y atento escucha.

Intenta liberarse de juicios,

abstemio de uno mismo,

para dilucidar lo que ve.

El orgullo es viejo huraño

amarga el amor humano,

se esconde en la miopía.

Renunciar a la hegemonía

escuchar una voz distinta,

extraer el velo, rasgar la cinta

para sentir como otro ser.